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Domingo, 1 de enero de 2017, Cultural El Duende
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Mundo de agua y carencia de agua

•  Erika J. Rivera


Me adscribo a las reflexiones de Alberto Zuazo Nathes publicadas en la Hoja del Sur (La Paz, 9 de diciembre de 2016) en referencia a la carencia de agua en La Paz. Sobre todo cuando señala dos aspectos: el primero que el problema del agua en la ciudad de La Paz es algo estructural y el segundo que para este dilema se debe buscar una solución con racionalidad. Personalmente considero que los ciudadanos comunes aún no hemos comprendido seriamente las causas y efectos del cambio climático. Zuazo nos explica que el imponente Illimani, en el último año, perdió ya la nieve en su costado izquierdo. No le damos importancia a este fenómeno natural. Es posible prever que este proceso avance, llegando el Illimani a perder la totalidad de su manto blanco, hasta quedar reducido a ser cualquier otra montaña desnuda. El autor llama nuestra atención al señalar que el cambio climático ya está entre nosotros y que la falta de lluvia será peor el próximo año según las estimaciones meteorológicas.

Leer este artículo me hace pensar en las distopías catastróficas de nuestro planeta llevadas al cine (de lo cual les relataré más adelante), no sin antes comentar algunas impresiones de los que vivimos en las alturas de nuestro país. Creo que se nos hace más difícil la toma de conciencia sobre la problemática del cambio climático por el hecho de estar rodeados por tan imponentes cordilleras. Jamás nos hemos imaginado vivir una situación como esta, porque de forma anticipada sentimos que las montañas nos protegen de cualquier fenómeno natural, incluso de terribles tempestades, huracanes y hasta terremotos. Los ciudadanos no vivimos con el miedo de ser golpeados por terribles vientos porque las montañas que nos rodean nos protegen de todo y tal vez ello provoque nuestra inercia. Por lo tanto, en la inercia de nuestra ciudadanía, el artículo de Zuazo Nathes nos incita a pensar en nuestra falta de sentido ecológico, porque en medio de esta problemática nuestra actitud de una sociedad de consumo ha cambiado poco, verificándose esto, por ejemplo, en la cantidad creciente de basura que producimos todos los días. En fin creo que es un problema que empieza desde nuestras pequeñas conductas. Zuazo nos habla de una solución racional ante este problema a diferencia de adoptar medidas políticas circunstanciales. Esto significa para mí que desde los ciudadanos comunes hasta los que ocupan cargos gerenciales y administrativos en las empresas públicas y privadas debemos adoptar por lo menos un poco de racionalidad instrumental. Sabemos que existe una racionalidad global que se adscribe a una razón humanista y que también existe una razón instrumental que se ocupa de los medios y fines, es decir de usar medios con la mayor eficacia para lograr objetivos. La razón instrumental ha sido desprestigiada por los resultados de las guerras como el holocausto y los exterminios de judíos con mucha eficiencia. Yo considero, sin embargo, que es posible rescatar la razón instrumental subordinándola a la razón global humanista, porque nos hace falta mucha planificación, previsión y ejecución en todo nuestro territorio nacional. No solo en el caso de la carencia de agua sino en muchos otros problemas que día a día nos tocará enfrentar.

Pero pese a todas estas reflexiones todo lo que vivimos no parece aún muy lejano de circunstancias que nos podrían ocurrir a nivel planetario, como por ejemplo la conocida película "Mundo de agua", dirigida por Kevin Cosner e interpretada por él mismo en el papel estelar. Se trata de una película futurista, que puede ser calificada como una utopía negativa o distopía. La trama está narrada desde el personaje principal que sufre una serie de vicisitudes dentro de una tragedia global: debido al deshielo de los casquetes polares, la Tierra ha quedado totalmente inundada por masas de agua. Los pocos supervivientes viven en barcos improvisados con restos de todo tipo o en pequeñas ciudades flotantes edificadas también con los escombros que ha dejado la civilización sorprendida por la gigantesca y bíblica inundación. El protagonista principal personifica dos elementos: un comienzo de mutación biológica y las destrezas técnicas que ha aprendido a lo largo de su vida. El protagonista ha comenzado a formar branquias detrás de las orejas que le permiten respirar dentro del agua por periodos muy largos y descender hasta profundidades donde se hallan los restos de ciudades y muchos objetos de la antigua civilización humana. Ha construido su embarcación con fragmentos de todo tipo y ha sabido reconstruir algunas máquinas elementales. Aquí se percibe el éxito de supervivencia que tiene una persona cuando domina ciertas técnicas elementales, pero muy eficaces a la hora de conseguir alimentos y sobrevivir en un mundo acuático, donde cada minuto hay el peligro de la desaparición. También ha podido reciclar muchos objetos de gran importancia en esta nueva vida primitiva. Uno de sus logros más notables es haber recuperado un limonero que da frutos y que le provee de vitamina C. Otra característica del protagonista es haber desarrollado membranas entre los dedos de los pies, lo que le permite nadar a gran velocidad. El protagonista está, sin embargo, expuesto a numerosos peligros, como ser los intentos de engaño o de dominación que provienen de otros personajes que surcan los océanos, o mejor dicho, el único gran océano que cubre la tierra, con intenciones siempre malévolas. El protagonista sale relativamente airoso de estos encuentros porque sabe lidiar con los individuos que tratan de engañarlo o sabe evitar a los grupos grandes organizados que también navegan a la caza de alimentos y objetos útiles. Los más importantes de estos últimos son los llamados "humeantes", que tienen un aparato militar relativamente bueno y que constituyen los piratas de ese nuevo mundo marítimo. En cierto sentido esta distopía es un retorno a los primeros siglos de la Edad Media, después de las grandes invasiones de los bárbaros, cuando el ser humano se convirtió en un lobo que tenía que lidiar con otros lobos, hambrientos y angurrientos como él mismo.

El protagonista visita un llamado atolón, que es en realidad una isla artificial construida con desechos y fragmentos de todo tipo. Estos atolones cumplen las funciones múltiples de los castillos en la Edad Media, y son también casi autosuficientes como las fortalezas medievales. El protagonista pasa los complejos sistemas de control para ser recibido al interior del atolón, donde se percibe sobre todo la precariedad de la vida humana reducida a la mera supervivencia y a una lucha brutal, donde el más fuerte y el más astuto ejercen un dominio irrestricto y obviamente antidemocrático sobre el resto de la población superviviente. Pese a este estado anómico, la película nos muestra que hasta en los lugares más remotos y en las situaciones más elementales existen reglas simples para conseguir la conservación de la especie. El protagonista vende una cierta cantidad de tierra suelta a los pobladores del atolón, tierra que es extremadamente bien cotizada para producir plantas alimenticias. En el atolón el protagonista tiene un encuentro con una mujer joven y bella, que tiene a su cargo una especie de tienda, donde vende los poquísimos artículos que producen los habitantes del atolón. La joven bella está a cargo de una niña de corta edad, quien exhibe un curioso mapa en su espalda, mapa que indicaría la existencia de Tierra firme o Tierra seca, a donde todos quieren llegar. Esta tierra firme encarna la figura del lugar de salvación, es decir una tierra bendita que recuerda a los supervivientes un pasado visto como glorioso y próspero a donde todos quieren retornar. El problema reside en que nadie puede interpretar claramente el mapa de la niña. Durante esta visita ocurre la incursión de los llamados humeantes, quienes aparecen en el horizonte con botes relativamente rápidos, que han sido construidos para asaltar y saquear a los pocos atolones que quedan sobre la superficie del mar. En este ataque, que tiene todos los efectos técnicos de que dispone el arte cinematográfico de hoy, se ve la lucha desigual entre dos grupos que poseen diferentes niveles tecnológicos. Los humeantes logran una relativa victoria militar, pero no logran capturar al protagonista, a la mujer joven y a la niña, quienes logran huir con la averiada barca del protagonista.

También se ve la vida en un atolón grande con miles de habitantes sometidos a la voluntad de un gobernante atrabiliario. Este último arenga a las masas con un discurso que menciona a la utopía que quieren alcanzar, que es la conquista de la Tierra firme y el progreso infinito. Aquí se nota claramente que el discurso utópico ha sido utilizado y deformado por el ridículo gobernante que, para fines políticos, ha logrado fabricar un discurso del progreso que encandila a los habitantes, porque estos han conservado algo de un mundo anterior donde se vivía todavía una gran prosperidad material en Tierra firme. La niña es rescatada por el protagonista con la ayuda de un globo aerostático y un anciano que logra descifrar el mapa de la niña. Después de varias aventuras, este grupo logra encontrar la Tierra firme. Como en las utopías, esta es una isla maravillosa de vegetación deslumbrante y vida animal abundante. La niña recuerda que ese fue su hogar. Los que llegan se establecen en esta Tierra firme y parece que consiguen rehacer una vida más o menos aceptable, pero el protagonista, que es un mutante, no logra adaptarse a la existencia en Tierra firme. Pese a un cierto amor que nace entre él y la mujer joven, el protagonista decide volver a la vida marítima para la cual ya está adaptado tanto física como psíquicamente. Se puede decir que el protagonista renuncia a la utopía porque ha evolucionado en otra dirección, la ambientación acuática. Finalmente se puede aseverar que la película muestra una utopía truncada, porque el protagonista prefiere volver a lo que él conoce y porque no logramos saber cómo los otros supervivientes organizan su existencia.

Entonces uniendo estos dos aspectos: entre la realidad que es la carencia de agua potable en la ciudad de La Paz y la ficción distópica de mundo de agua parece que no estamos muy lejos de catástrofes planetarias aunque nuestra inercia andina nos haga creer que a la gente de las montañas no nos pasará nada. Así que a los bolivianos no nos queda otra que empezar a desarrollar nuestra racionalidad instrumental con conciencia ecológica.



* Erika J. Rivera. La Paz. Escritora.

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