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Domingo, 1 de marzo de 2015, Cultural El Duende
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"Bolivia tiene ahora un sitio en la literatura americana"

•  El 1 de febrero de 1950, el periódico Tribuna de La Paz publicó una entrevista realizada por Luis R. Durán al prolífico escritor Jesús Lara (Cochabamba, 1898-1980) que aborda el panorama cultural en el país. El texto forma parte del libro "Entrevistas - Jesús Lara" compilado por el doctor en literatura Luis H. Antezana Juárez


Jesús Lara es inobjetablemente el Poeta de Cochabamba y uno de los auténticos representantes de la poesía boliviana. Andando por las calles de La Paz, con la misma sencillez de hace muchísimos años, volvemos a encontrarlo. Invariable en el tiempo y siempre igual como en el Valle o en el Chaco, aquí más cerca del cielo.

Nuestra comunión espiritual es inmediata. A pesar del estado de su salud puesta al cuidado de varios especialistas, el autor de "La Poesía Quechua", la enjundiosa contribución que últimamente ha enriquecido la bibliografía nacional, frente al periodista de "Tribuna", es tan comunicativo como suele serlo con quienes él conoce mucho y estima muy de veras.

Sin reservas y sin fanfarronerías, su conversación discurre por cauces hondos y lejos de buscar o sugerir una entrevista periodística, va respondiendo en movido y luminoso diálogo a fundamentales preguntas nuestras. Un apunte rápido hará ver su sinceridad y valentía.

–¿Cómo juzga las actuales manifestaciones culturales de nuestro país?

–En el campo literario, puedo decirle –habla cordialmente– que en los últimos años se ha venido notando una actividad creciente. La prueba está en las numerosas obras que han aparecido. La Chaskañawi de Medinaceli, La niña de sus ojos de Díaz Villamil, Altiplano de BotelhoGosálvez, Cuando vibraba la entraña de plata de Viaña, Linares de Frontaura Argandoña, Baptista de Guzmán, El embrujo del oro de Costa du Rels, la estupenda Monografía de La Paz, etc.

En las generaciones jóvenes existe una inquietud creadora ponderable. En La Paz, Oruro y Cochabamba conozco valores que son promesas en plena realización. Alcira Cardona, por ejemplo.

Bolivia tiene ahora un sitio en la literatura americana. Cosa que no sucedía en otros tiempos. Antes de la Guerra del Chaco, los escritores bolivianos eran ignorados no solamente en el Viejo Mundo, sino inclusive en los países circunvecinos. Las cordilleras y selvas que nos rodean eran barreras inaccesibles para los escritores bolivianos. Había que residir en el extranjero, como Arguedas o educarse allí, como Diómedes de Pereyra y Costa du Rels, para romper esas barreras. Ahora, no. Las obras nacionales comienzan a interesar fuera de nuestras fronteras. Escritores europeos y americanos piden libros bolivianos. Yo atiendo a menudo pedidos de esa índole, no de obras mías precisamente, sino de autores conocidos de nuestro medio.

Los libreros nacionales, en lugar de limitarse a importar literatura extranjera, deberían interesarse también por exportan la producción boliviana. Beneficiarían así a las letras nacionales e incrementarían su negocio.

En cuanto a las artes plásticas, podemos contemplar una perspectiva semejante a la de las letras. Hay jóvenes, como el pintor Carrasco Núñez del Prado y los escultores Terrazas Pardo, que se hallan en tren de realizar un arte magníficamente boliviano. Luego tenemos a ese maestro del paisaje que es Raúl Prada, el estupendo escultor que hay en Alejandro Guardia y a la admirable intérprete del alma aimara con que Bolivia cuenta en Marina Núñez del Prado. Le extrañará amigo periodista –añade el poeta cochabambino–, no oírme nombrar a Guzmán de Rojas. Este pintor, a mi juicio, no es más que un mero producto de la propaganda.

Por lo que toca a la música, no tengo la misma impresión que respecto de las otras artes. Exceptuando al maestro Eduardo Caba, creador auténtico y señero, cuya obra es conocida en el extranjero más que entre nosotros, los músicos nacionales, cuando no se aferran al temario occidental, escarban en el folklore con muy poca suerte.

–¿La literatura y el arte bolivianos deben inspirarse en el hombre y paisaje nuestros?

–Indudablemente –responde el acucioso intelectual–. Lo contrario imprimiría un sello de ingrato exotismo –sigue precisando elocuente– a nuestras obras, como ocurrió durante el siglo XIX y a principios del actual. Talentos indiscutibles como Mariano Ricardo Terrazas, Daniel Calvo se perdieron a causa de ello. El caso de Nataniel Aguirre es patente: cuando incursionaba en temas exóticos como la revolución mejicana, nos entregaba obras de desconcertante mediocridad. Mas, cuando se pone a explotar las riquezas de su medio, logra una novela como Juan de la Rosa, no igualada hasta hoy en su género. Se nos podrá oponer los casos concretos de Jaimes Freyre y Tamayo. Ellos constituyen dos gloriosas excepciones. Sin embargo, con su enorme talento y prefiriendo temas nacionales, no solo habrían rendido mucho más, sino que con su obra nuestra literatura hubiese adquirido carácter y grandeza. Sensiblemente, en virtud de su predilección por motivos ajenos al medio, no nos han dado sino calidad, una gran calidad, mas no una obra boliviana.

Por lo que el libro boliviano ha empezado a interesar en el extranjero, ha sido precisamente por haberse puesto a explotar el paisaje y el hombre de Bolivia. Son obras de esta índole las que reclaman los escritores extranjeros.

–¿Cuál es la actividad intelectual y artística sobresaliente en Cochabamba?

–La literaria. Aparte de los escritores viejos existe un puñado de jóvenes que se van iniciando bajo los más halagadores auspicios. Entre esos jóvenes sobresalen los poetas Héctor Cossío y Mario Quiroga de la Zerda, así como el cuentista y poeta Daniel Bustos.

Un factor que estimula notablemente la creación literaria en Cochabamba es el Premio Municipal que se otorga cada año. La Alcaldía Municipal entrega un premio de 3.000 bolivianos y costea la edición de la obra, y esta beneficia al autor casi íntegramente. La Alcaldía reserva apenas el diez por ciento de los ejemplares impresos.

–¿Ya está en construcción la Casa de la Cultura con auspicio de la Municipalidad cochabambina?

–Sí. Y se halla totalmente financiado. Dentro de poco tendremos un hermoso edificio donde se cobijarán la Biblioteca Municipal y la Academia de Bellas Artes. Habrá además un auditórium con capacidad para mil personas y una buena sala de exposiciones.

–¿Y qué nos dice de la acogida a sus obras publicada y de los que proyecta publicar o escribir?

Mis primeros libros no tuvieron suerte. De Arawi, arawiku, vendí pocos ejemplares en Cochabamba y ninguno en La Paz. El público empezó a leerme a partir de Repete. Creo que Surumi es mi obra más buscada, la edición está agotada. Tengo en preparación una novela con la cual intento aprovechar los levantamientos indígenas. Después escribiré una biografía de Wallparrimachi, indio, poeta y héroe, sobre cuya vida los tradicionalistas forjaron una extraña leyenda. En la obra transcribiré las doce poesías que de él se conservan. El texto quechua de ellas irá acompañada de su traducción al castellano.

Así en forma desprevenida y en servicio de los lectores de Tribuna, hemos obtenido las valiosas declaraciones que agradecemos a Jesús Lara, el cantor de Incallajta, Katira y Arihuaqui, al decir de Arturo Capdevila.

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